lunes, 14 de enero de 2013

TACONES LEJANOS. Un Film De PEDRO ALMODÓVAR. 1991. PEÑAS JOYAS CINEMATOGRÁFICAS.

Existe una foto de rodaje de Tacones Lejanos en la que se ve a Almodóvar componiendo un gesto interpretativo que Victoria Abril copia miméticamente. Sólo esto da buena muestra del personal estilo del cineasta en todo cuanto se lanza a crear ya sean guiones, encuadres o dirección de actores. Su cine es directamente proyección de su vehemente naturaleza, de su cultura (tanto artística como popular) y su forma de enfrentarse a esto que muchos llaman vida. La postura del machego ante todo ello es la de un creador hedonista y pasional, un ser poseído por una sensibilidad supina que encuentra en el melodrama más hiperbólico una perfecta via de escape a sus intencionalidades creativas y, por extensión, un ejercio de catarsis emocional que, aunque inexorablemente le lleve a la autoindulgencia, mantiene raíces de asombrosa firmeza. Tacones Lejanos es, quizá, la película que mejor define su estilo.
Ante todo este es un film clave para entender y asimilar la trayectoria de Almodóvar ya que constituye un inesperado punto de inflexión en una filmografía, hasta entonces, definida por unas constantes que nada tiene que ver con lo que Tacones Lejanos deja entrever. Su trayectoria anterior, de hecho, había estado marcada por una sociología cañí e, inevitablemente, caricaturesca (¿Que he hecho yo para merecer esto?. 1987) o la exhibición filmica de varios de sus fantasmas personales (La Ley Del Deseo. 1987), todo ello sustentado en el cine de género más tradicional (el cine negro de Matador. 1986), la screwball comedy en Mujeres al borde de un ataque de nervios, 1988, pero sin atraverse a entrar de lleno en el que, sin ninguna género de dudas, se ha revelado como el campo cinematográfico en el que más a gusto se encuentra Almodóvar: el melodrama. De ahí la capital importancia de Tacones Lejanos en una trayectoria hasta entonces definida por la insurreción más políticamente incorrecta.
Este film es, ante todo, una reescritura de buena parte de los melodramas de Douglas Sirk y no únicamente a nivel argumental o temático, si no formal. Almodóvar disecciona las cualidades cinematográficas de cineasta, extrayendo los elementos que más se adecuan a su propia visión, es decir, personalizando modos y maneras, reconvirtiendo tanto el cine de Sirk a una articulación netamente contemporánea, como el suyo propio debido a la sorprendente mutación en relación con sus anteriores películas.
En efecto, los paralelismos argumentales yacen y subyacen en la estructura de la obra: nos encontramos con una turbadora relación entre madre e hija (inconmensurables Victoria Abril y Marisa Paredes) que establece conexiones con la planteada por Sirk en Imitación a la vida (Imitation of Live, 1959) aunque de conyuntura diferente e infinitamente más madura y consistente.
El triángulo compuesto por Rebeca, Becky y Manuel potencia un sinfin de problemas psicológicos en el personaje de Victoria Abril ( un extraño sentimiento de amor-odio hacia la figura materna, carácter inconstante con un profundo sentimiento de culpa) que lo convierte en el personaje femenino más sólido y apasionado de todos los compuestos por el manchego.
Por su parte, la estructura narrativa admirablemente diáfana y salpicada por pequeños y reveladores flsah-back, sí retrotrae con mayor fuerza el carácter del melodrma tradicional, no ya únicamente de Sirk, si no de Vicent Minelli (recordemos su magnifica La tela de Araña-The Cobweb,1955 para la relación planteada entre Victoria Abril y Miguel Bosé).
Ello provoca que las intencionalidades de Almodóvar hayen su camino definitivo en la forma plástica: ante una concepción del encuadre abierta, que no se cierra ante los personajes si no que los enmarca en el ambiente (sobresaliente de la decoración interior de Julián Mateos), el dominio sensorial de unas tonalidades rojas de apasionante fuerza (véase la chaqueta de Victoria Abril en la soberbia secuencia final) marcan, definitivamente, los elementos referenciales con el cine de Douglas Sirk.

Como en este, la descripción de caracteres y personalidades mediante la concepción del plano se convierte en un elemento capital, fijémonos, si no, en la primera aparición de Victoria Abril; reflejada en el cristal del aeropuerto (contundente muestra de su variable personalidad), vestida de blanco y con gafas de sol. Como sirk, existe una íntima relación entre los objetos y el estado de ánimo de los personajes (los pendientes, los espejos, los zapatos-Tacones en concreto), que marcan todo el devenir narrativo, formando una insólita comunión con la base literaria. En definitiva, Tacones Lejanos (por cierto curioso título que hace pensar en Raoul Walsh) es el primer experimento clacisista de un cineasta cuya alma se encuentra anclada al melodrama más visceral. Una interiorización de tópicos que convierte la novena obra de Almodóvar en un film excepcional.
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